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Monday, 12 July 2010

Mucho más que un gol

España es hoy campeona mundial de Sudáfrica, después de vencer a una Holanda más quejica que jugadora. Merecida victoria para el equipo ibérico que ha venido demostrando un mejor juego partido tras partido. Sin desmerecer esta copa, hay algo más allá de la celebración de esta victoria que en estos momentos mantiene eufórica a Madrid, como sucederá en tantas otras provincias de este país. Me refiero al sentimiento español, y aquí debo introducir las políticas en general, que no debe confundirse con la acción de los partidos políticos.
Arrastramos años de fracasos en nuestra recuperación económica, años de destape de corrupciones, que siempre han existido y siempre existirán, pero nunca hasta ahora se venía hablando tanto de ellas ni acusándose los unos a los otros para desviar la atención de lo que realmente interesa. Arrastramos años de fracasos políticos tanto de socialistas como de populares, de destapes en la Comunidad de Madrid, sin que nada ni nadie haga algo por cambiar sustancialmente lo establecido.
Por mucha alegría que sienta por el triunfo de nuestra selección soy incapaz de omitir mi tristeza por todo el poder que sostenemos quienes, iguales que salimos a la calle a celebrar hoy el triunfo de nuestra selección, ostentamos la fuerza necesaria para reclamar cambios en el gobierno de nuestro país, de nuestra comunidad o nuestro pueblo. Y esto es tan sencillo como convocarnos entre nosotros, sin obligatoriedad de conocernos personalmente, a través de Internet, a través de una asociación, una voz, o un grito si es preciso.
Es tan simple como ondear la misma y exclusiva bandera que ondea el anónimo en esa fuente porque España ha ganado y tanto tú como él os sentís hermanos.

Tuesday, 25 September 2007

Cibersexo en una red perniciosa

Hace unos meses supe de la gran revolución que están trayendo las nuevas tecnologías en la satisfacción de nuestras necesidades afectivas. Lo que parecía excepcional está ganando vida
Todo vino a raíz de una conversación que mantuve con un amigo que me relataba las alteraciones que Internet conlleva en sus prácticas sexuales. La red como punto de encuentro virtual para la estimulación, el cibersexo en una red perniciosa.
Las videoconferencias en directo añaden morbosidad a la comunicación y el fracaso de una relación real, el placer de sentirse codiciados y la pérdida de la vergüenza por la distancia de los interlocutores multiplica la emergencia de nuevos ejercicios en red.
La nueva en mi pueblo pone de relieve la ingenuidad y candidez de muchos de quienes se refugian en la red. Al parecer, una señorita se estimulaba con la webcam activada para agradar al navegante que permanecía al otro lado, mientras éste grababa el espectáculo. Las secuencias parecen ser 100% explícitas –el tipo colgó el vídeo en la red y el rumor en el pueblo es más veloz que la luz- y la adolescente que iniciaba carrera universitaria se ha visto obligada a migrar. Ya saben que cuánto menor es un pueblo mayor es la presión a la que se ven sometidos sus habitantes por eso de que siempre hay alguien detrás censurando nuestros pasos.
No se trata de criminalizar a la niña ni de compararlo con la pornografía que todo mayor de edad ha visto a través de la red en alguna etapa de su vida. Ni lo uno ni lo otro forma parte de la perversión. Internet sustituye viejos hábitos. A nuevos tiempos nuevos riesgos, pero resulta que esta última parte no está lo suficientemente implantada en la conciencia del internauta. Los juegos pueden volverse contra nosotros cuando salta al ruedo público la intimidad. Ha pasado con la inocente y no será la última. Parejas que rompen aprovechan la Red para vengarse difundiendo un vídeo de contenido sexual en el que aparecen sus ex. El daño es irreparable si se tiene en cuenta la rapidez de las descargas. En cuestión de horas se arruina la carrera de alguien desde que Internet prolifera en casas particulares.
La crueldad adquiere nuevas dimensiones si se tiene presente la difusión de sus datos personales. Ella no volverá a ser la misma y él sin embargo tendrá el perdón –incluso la enhorabuena por colgar el vídeo- de todo su entorno. La red pervierte, pero además premia al pervertido.